martes, 7 de febrero de 2012

Canto a la vida.

Reconozco mi existencia, salpicada de tu encanto, vía al llanto consecuente, cabe a tus suspiros destrozando en pliegues los cimientos de este amorío al espejismo, de mi apenas desarrollada empatía por la razón. Disolvamos nuestro encuentro en el placer de conocerte irreversiblemente bella. Revertamos en silencio ésta pasión contrapuesta, a la simpleza del caos en colisión. Retrocedamos al origen del instante y suprimamos el castigo de ésta prolongada agonía a la eternidad de mi universal esencia.
Somos fusión en disfunción, colapsando en el maravilloso e inequívoco intervalo de habernos encontrado. Intensa realidad de ensueño, recorriendo mi ahora desintegrado estado, sublimado a tu abrazo. Esparciéndome entre roces de goces, entremeses de recreos en los que te siento lejos e intento osadamente adueñarme de tu beso.
Redefino el miedo como el castigo para el desventurado que decida estremecerse ante tu ausencia y malgastar el regalo de la soledad. ¡El desconcierto es sólo el comienzo de la encrucijada! Oportuno rededor de matices innombrables. Pero me he negado a rebuscarte y me conozco cobarde, anónima e irreconociblemente melancólica. Al mereced de tu arrebato de fémina, cuando añoro tenerte y me es imposible consumar mi deseo furtivo en el presente recurrente. Así que en consecuencia he debido vivir contra suelo, con el alma comprimida y el aliento rasguñando los conductos subterráneos. He percibido el sucio hedor de mi ego, derramándose sobre el asfalto, colándose por debajo de mi falda. Resbalándose entre las grietas que se esconden subyacentes a la sombra de este cuerpo entumecido.
Ahora, que si te descubro en bruta, desintégrame. Despliégate en mis adentros, haz de mí el recipiente de tu sosiego como obsequio para mi desconsuelo. Qué la muerte será la peregrina en continua recreación, la renovada percepción de mi original estado pasivo.

martes, 28 de junio de 2011

El es un monstruo hermoso.

Encontré un punto invisible en la habitación, escondido entre sus mejillas, por debajo de su nariz; Recosté mi cara sobre mi mano, deje que se desparramara con elegancia y discreción, le mire nuevamente con desconcierto, sintiéndome casi absorta e intangible. Pero ni siquiera sabía que es lo que estaba haciendo ahí, sentada tan inoportunamente frente a el, mareándome con pensamientos absurdos, examinándole minuciosamente e insoportablemente a la expectativa.
Para alimentar la angustia, hice una breve revisión mental de lo que estaba sucediendo en ese momento: gente, barullo, el compartiendo una mesa conmigo; Yo sabía que estaba al borde del caos. Un cataclismo podría haber sido menos preocupante, que mi creciente paranoia. Pero le deje hablar, accedí a escucharle. Tomé otro sorbo de cerveza para ceder a la noche y así me percate de cómo habían pasado mis últimos meses: entre tragos de angustia, caricias furtivas, pensamientos suicidas, y condescendencia para todo aquel, que con afán de obtener un poco de placer conmigo de por medio, pudiera proporcionarme siquiera un mínimo del mismo.

Pretendí entonces que me importaba, sólo por educación, sólo para jugar como todos, para jugar contigo también. Eso quizás me hace un monstruo, el aceptarlo me proporciona tranquilidad.

-Sí, es cierto. Sólo soy un monstruo que se dio cuenta de lo que es…- Te escuche. Y ahora se que sólo somos dos monstruos que tuvieron suerte de encontrarse, salvo por tener la comodidad de pretender que somos más feos de lo que quisiéramos.

lunes, 23 de mayo de 2011

Arena.

En mi inconsciencia, preferí tú abstinencia por las explicaciones. Y como en otras ocasiones, mi brutal decisión me orillo a mantener una distancia absorbente, secreta y casi invisible entre nosotros. Tal vez mi deseo fatal por ocultarte aquélla verdad estrepitosamente llena de acongojo, despertó en mi un miedo incontrolable; ante esa mirada cortante y frenéticamente hiriente, que acostumbras lanzar entre sabanas, e inunda el aire de un disgusto espeso, imposible de digerir.

Entonces reconozco esa mentira vacilante, que se asoma culposa desde el reflejo del cristal y entre la luz nocturna. Esa misma, que me acompaña en el pensamiento más tormentoso, o quizás, también en el más peligrosamente inocente; pero siempre martillando mi entorpecedora adoración por la duda, que incesantemente ocupa mi sentido hasta el amanecer. Sin embargo, frente a este capricho lastimero e inevitablemente estúpido, no existe excusa que alimente disculpa alguna. Porque la realidad más cruda, es que el engaño no es auto aplicable.

martes, 17 de mayo de 2011

Naufraga.

Me mantuve ajena a su abrazo, por la simple necesidad de sentirme independiente. Excluida, momentáneamente, por fortuna, de su arrebato por sofocar mis suspiros. Pero la vida me enseño como detener el tiempo, y eso era tan útil como su beso en mi espalda. Excepto por el perfume de su piel, que ahora me envolvía, me sentía tan yo, como ocasionalmente. Tras haber jugado un par de partidas con el amor, me sabía consciente de sus capacidades para ocasionar desplantes, sin embargo, el engaño al que es capaz de someternos, su destreza para engatusarnos, será algo contra lo que jamás podremos hacer frente. Pese a esto, aún me concebía forastera de su encanto, me creía suya sólo en sueños ¡Aún amante del silencio y sus ecos! Así que le deje tendido sobre la cama, con el cabello enmarañado, con mi cuerpo sobre el suyo y unas cuantas caricias como albergue para sus caprichos. Fue entonces cuando comprendí, como es que me encontraba entre sus sabanas. Porque sin darme cuenta esa mañana estaba ahí, ante su espejo, tropezando conmigo misma. Yo, ya no tan yo, como ocasionalmente. Casí desuna salvo por una prenda de uso interior, que escondía los secretos de mi entrepierna. Oliendo, no. Disfrutando el fresco desde su ventana, el sol horneandonos y sudando un poco más que toxinas; me sentí a su mereced. Y lo estaba, porque el día que decidiera apartarse de mi lado, tendría que tomar un par de noches para naufragar en mi lamento, para tumbarme bajo la cama ¡Qué tonta! Y más que eso: tristemente ilusa. Se largaría sin duda alguna, y yo, seguramente le dedicaría entonces, incontables horas a la semana para recordarle.
Le miré herida, acongojada hasta el ápice de mi ser. Me acerque ofendida a su mejilla, reorganice algunos de sus cabellos, le bese nuevamente y me recosté a su lado, otra vez, pero ésta vez mujer. No tan amada ciertamente, pero queriéndole sinceramente.

Violeta se tornará violenta.

lunes, 28 de marzo de 2011

Para despertar.

Mañana, cuando la cama se vea obligada a escupirme. Y yo, forzada a hacerle frente a la vida, espero que su maleta aún se encuentre en el lugar exacto. Porque quizá mañana deberá vivir un día más esperanzada por la idea de abandonarme. Tal vez, como en ocasiones anteriores me obligaré a entorpecer, ¡someter! su deseo insatisfecho de viajar por carretera. Pero el plazo siempre se cumple, y un día, sin duda alguna cuando le mire a los ojos, el reflejo será castigo ineludible. Lloraré pesadamente sobre su beso, robaré su asiento sin comedimiento. Pero ella esperará paciente. Dócilmente, hasta que consienta el dejarle marchar tan lejos que quizás jamás regrese. Entonces, cuando el viento y el silencio sean mi única compañía. Ciertamente, sólo entonces. Admitiré que nunca fue ni será mía. Las noches serán castigo, despertare sin consuelo alguno. Gritare al vacío tantas veces que el tiempo perderá la memoria. Pero incluso así, rogare porque jamás mire atrás. Qué ni en su sueño exista espacio para mí. No habrá espectador, porque ella será su propia audiencia. Mujer, ¡lamentare tu ausencia! Lo suficiente para creer en la eternidad. Pero su fantasma es lo justo para el amor, aunque no se pueda creer en el “Y fueron felices para siempre”…

Felicia con caducidad.

jueves, 24 de diciembre de 2009

Marisa odia la inconsistencia.

Dulce niña ojos canela
Serás tierra.
Muy fina, tan fina
Casi arena.
Te pierdes en la marea.

Marea de sensaciones.
Risas para-brisas.
Sacude, te sacuden, me sacuden.

Pescador indeciso
¿Con cuantos cristales y botellas-catalejo haz mirado mis corales?
Dime ¿Qué ves?
¿Qué quieres ver?
Haz encontrado la piedra más negra
¿Y ahora quieres hacerla perla?

Demasiado veneno en tu cerebro
Y entre tus labios he encontrado el anzuelo perfecto,
Escupes redes transparentes
¿Me entiendes?

Sigues dibujando ideas difusas,
Confusas. En la cintura de mi cordura,
Me estrujas.
No hay excusa.
¿Me pediste café y ahora quieres té?

Pescador, parece que tus simulacros durarán
Todavía un buen rato.
Marisa papelera
Dobla, corta y despega.
Ella emprende el vuelo entre hojas.
Sigues siendo de papel.
Marisa es de papel.

Marisa. Mariposa de papel...